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La Paz y la Viña, dos muestras kársticas en tierras riojanas

traveler 16 febrero 2009 0


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La provincia de La Rioja no sólo posee buen vino, sus tierras esconden maravillas naturales donde la fantasía se escabulle por sus vericuetos más escondidos. Muestra de ello son las cuevas de las que presume Ortigosa de Cameros. Dos grutas a cada cual más bella, fruto del imparable correr del agua: la Gruta de la Paz y la Gruta de la Viña. Ambas se encuentran enclavadas en el Macizo del Encinedo, un monte de 1.073 metros de altura rodeado de encinas.

Nada más entrar en el pueblo nos topamos con este paisaje donde quedan los restos de una antigua cantera de la que se extrajo piedra para construir el Pantano de González Lacasa. Para acceder a las taquillas de las cuevas hay que atravesar un puente desde el que se apreci ala belleza del macizo calcáreo que se halla a su frente. Un restaurante-cafetería nos hará la espera más acogedora si tenemos que esperar turno, ya que la visita se hace por grupos.

Desde las taquillas hasta la primera cueva, la Gruta de la Paz, hay unos 300 metros. La entrada, una puerta de hierro que parece surgida de la nada en medio del monte, no invita de niguna manera a entrar, sin embargo cuando aparece el guía y comienza a dar las primeras recomendaciones delante de la misteriosa puerta se hace evidente el destino del visitante.

La Gruta de la Paz cuenta con 263 metros, y aunque los cinco primeros son de descenso, luego prosigue horizontalmente. El recorrido se hace a través de una senda estrecha, resbaladiza que, en ocasiones, obliga a hacer verdaderas virguerías para evitar algún traspié indeseado. A pesar de la habilidad que se requiere para cruzar este agujero su contemplación merece la pena por “las espectaculares muestras del Karts de la zona: estalactitas. estalagmitas…” Existen además unas formaciones muy curiosas cuyo aspecto es similar a las palomitas de maíz y que  son las que más abundan en el interior de la gruta.

Para ver la otra cueva, la Gruta de la Viña, hay que recorre por el exterior un pequeño camino. A diferencia de la primera, la entrada y salida de esta cueva son la misma, sin embargo el recorrido acondicionado para el público es menor, en concreto 114 metros. Aunque la visita se hace corta, no por ello dejar de ser menos hermoso su interior en donde se distinguen formaciones que destacan por su blancura extrema. La angostura de la cavidad también supone andar con precaución.